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Prevención del bullying: un llamado al respeto y la convivencia escolar

El bullying es una conducta repetitiva de agresión física, verbal, social o digital que daña la dignidad y seguridad de un estudiante. Aunque el término comenzó a utilizarse con fuerza en la década de los 90, la preocupación por la violencia escolar en México se intensificó en los últimos veinte años, al reconocerse como un factor que afecta el rendimiento académico, el desarrollo emocional y las relaciones sociales.

 

La prevención del bullying comienza con la construcción de una cultura de respeto. Respetar no es solamente evitar la violencia, sino reconocer la dignidad del otro, escuchar con empatía y resolver los conflictos de manera sana. La Palabra de Dios nos recuerda: “Así que, en todo, traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes” (Mateo 7:12). Este principio, conocido como la regla de oro, establece la base de toda convivencia pacífica en la escuela y en la vida.

 

La familia juega un papel decisivo en la formación de los niños. Es en casa donde aprenden, desde pequeños, el valor del respeto, la comunicación y la disciplina. Un hogar donde predomina el amor y el ejemplo positivo se convierte en la primera defensa contra la violencia escolar. La Biblia enseña: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6). Este llamado nos recuerda la importancia de guiar con sabiduría y constancia el corazón de los hijos.

 

En la vida escolar, los docentes son piezas fundamentales en la prevención. No todo conflicto entre estudiantes es bullying, y por ello es necesario discernir entre una broma aislada y un patrón de hostigamiento. El profesor está llamado a observar, mediar y generar un ambiente de confianza donde los alumnos se sientan seguros para expresar lo que viven. Cuando un caso de bullying se confirma, la intervención temprana es clave: acompañar a la víctima, trabajar con el agresor y fortalecer la unidad del grupo. Tal como enseña Gálatas 6:2: “Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.”

 

Desde la neuropsicología sabemos que la empatía, la autorregulación emocional y la resolución de conflictos son habilidades que se pueden enseñar y fortalecer en la escuela. Al mismo tiempo, la formación en valores espirituales nos recuerda que cada persona ha sido creada con propósito y merece amor, cuidado y respeto. La unión de ciencia y fe nos lleva a trabajar de manera integral: atender la mente, el corazón y la convivencia. La Biblia menciona que “El amor sea sin fingimiento. Aborrezcan lo malo, afiérense a lo bueno. Ámense los unos a los otros con amor fraternal” (Romanos 12:9-10).

 

La prevención del bullying es una tarea compartida entre escuela, familia y estudiantes. Al vivir el respeto y el amor en comunidad, se construye un ambiente donde cada niño y adolescente puede crecer en libertad, seguridad y dignidad.

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